Autor: admin

A cafetera muerta…

Muerta. Sin actividad cerebral ni eléctrica. Incapaz de destilar el preciado líquido negro que hace viables mis mañanas. Por supuesto, ayer funcionaba. Hoy no. Se ha ido la pobre sin un suspiro, después de compartir conmigo más de cuatro mil desayunos. Bueno, ya le valía, así que manos a la obra: operación cafetera nueva. Y aquí me teneis arrebuscando la internet con el móvil en la mano dando la brasa a amigos, amigas y conocidos e intentando hacer memoria gustativa de sus respectivos cafés. A ver: la nesspreso mucha inversión en publicidad, y cápsulas prohibitivas. La senseo se le averió a Rosita a los tres días. Que las cápsulas tal. Que la variedad. La niña con el té, la madre con el chocolate. Al final, me voy con la Tassimo, que ya os diré si cumple mis altas expectativas, y lo hago porque lo fundamental en una cafetera no es la cafetera: son las cápsulas. Que sean buenas, bonitas y baratas. Casi nada… pero es que mi tasa de cafeína en sangre tiene que mantenerse alta, o si no no hay tu tía. Y una de las cosas que me ha hecho decidirme ha sido que, mientras rebuscaba por internet con la derecha (y sujetaba el móvil con la izquierda), me he encontrado una tiendita online que parece hecha a mi medida, y donde tengo las Cápsulas Tassimo a...

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No es barato todo lo que reluce

Me preguntaba Marga a raíz del post anterior si yo, que no soy nada “marquitas”, tengo tal vez acciones de El Pozo. Ya quisiera (tener acciones de algo, digo, que no fuese la nacional sopa de ajo). Sí, es cierto que no soy nada marquitas, pero una alimentación saludable y económica tiene que tener, ante todo, sentido común. Servidora compra dónde y cuándo puede. Y si bien las piezas que tienen mucha rotación suelen estar en condiciones, hay otros trozos (el secreto, el solomillo, la presa) en los que la calidad puede ser mas que irregular. Un proveedor que le coloca una “plepa” al carnicero; un carnicero que o se come el stock o te lo vende, un cerdo ibérico nacido y criado a pienso en Taiwan… Por eso, en según que cortes, opto por la marca y el envasado al vacío. El Pozo lo encuentras prácticamente en todas partes, desde superficies hasta tiendas del barrio; es una marca “de toda la vida”, que ha mantenido un estándar de calidad muy aceptable y trabaja con una franja de precios soportable (que ya es mucho, para cómo está todo). Lo mismo pasa con los embutidos: cuántas veces habréis comprado un fuet un poquillo más barato… para gran contento del perro. Por eso, y aunque una sea lonchafinista de corazón, me gusta tener mis marcas de referencia. Porque me gusta comer...

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Patatas a la importancia rellenas de ibérico en salsa de setas

Toma ya navidades de pobre. Cualquiera que os escuche se os planta en casa. Y es que la sola mención a los ibéricos -ese jamoncito veteado que parece llorar por todos sus poros, ese chorizo suave que literalmente se deshace en la boca…- hace que una ya no pueda pensar en otra cosa en toda la santa mañana, mientras babea aceleradamente. Pensamos, como buenos insensatos, que el ibérico es patrimonio de los pudientes; que en tiempos de crisis es mejor comer productos de baja categoría. Craso error. Yo, una vez más, os voy a demostrar con argumentos y recetas que comer de maravilla es barato, y que en el caso de los ibéricos, la compra sale rentable, ya que con una cantidad mucho menor se consigue el doble de sabor y textura. Y además, dicen que son buenos para la salud. Pues mejor; por mí como si no lo fueran, porque están de morirse. Dicho esto, vamos al lío. Necesitas por persona: Una patata grande o dos pequeñas. O tres. O cuatro. Que la patata es barata, leñe. Una única y viuda loncha de jamón ibérico, no me diréis que sale caro. Yo suelo comprar El Pozo, porque últimamente se ve mucho ibelico-made-in-hongkong, y esta firma tiene muy buena calidad, precios ajustados y un departamento de atención al cliente que debe ser de las poquitas cosas que funcionan bien...

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La revolución de la comida a domicilio

Pasaba por delante del chino y, como siempre, allí estaba ella. Grande, extraña, misteriosa. Mirándome como sólo saben mirar las neveras, con esa mezcla de desafío e invitación. Como si de un momento a otro su roja y extraña puerta fuese a abrirse, poniendo a mi disposición mis más ocultos deseos. La nevera roja. Y abajo un letrero: “Ahora ya puedes pedir por internet”. Bueno, pedir por internet al chino de abajo de mi casa puede parecer de personas dadas a la holganza en demasía, lo que no es mi caso, pero sucede que hace un frío que pela, acabo de subir con el perro, nunca tengo el folleto-menú y por teléfono me veo obligada a mantener una surrealista conversación en plan “¿Y qué más telnela tenel?”. Así que me dije nena, hoy comida a domicilio. Y entré. Y esto fue lo que ví. La idea más simple del mundo, y una de las mejores que he visto. Introduces tu dirección y zas, milagro: en bandeja tienes todos los restaurantes de tu zona que sirven a domicilio. Desde la humilde tortilla de patatas a la rosca de gambas, pasando por toda clase de pizzas, sushis y burritos. Con la carta completa a tu disposición, y los mismos precios que siempre has pagado. Así de fácil. ¿Que estás de visita sorpresa en casa de tus cuñados? ¿Un finde en un...

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Croquetas de percebes

Otra vuelta de tuerca en el tema percebes. Porque si aprovechamos el jamón de las puntas o el pollo de las carcasas para elaborar tan delicioso manjar, ¿cómo nos vamos a deshacer de LAS UÑAS de los percebes, lo que nadie come y siempre se tira? Aquí tenéis, en rigurosa exclusiva, las únicas, las geniales croquetas de percebes. A partir de ahora, queda tipificado como delito el deshacerse de la menor sustancia comestible de este desdichado animal. Conviene a la parsimoniosa elaboración de la croqueta una música íntima… relajante… y sobre todo, significativa de este genial descubrimiento. El Alleluiah, por ejemplo. Dale a la flecha verde y tira, que suena el chisme este de maravilla! Ingredientes: Uñas de percebes o, si hubiese mucha mucha suerte, algún restillo descabalao del animal, lo cual es preferible con mucha diferencia, claro. No es imprescindible, pero un par de mejillones quedan maravillosamente encajados en la sustanciosa masa y le dan bastante aquél. Harina, aceite, leche, huevo y pan rallado como para cualquier croqueta vulgaris del mundo mundial. NOTA IMPORTANTE: No uséis como caldo el agua de cocer los percebes. Os cargáis el invento. Como mucho, un poquillo del agua de los mejillones (filtrada). Y es… facilísimo: Plis: Extraemos pacientemente las uñas abriéndolas con un cuchillo y sacando la parte comestible. Antes en casa se las dábamos al gato; ahora que el pobre animal...

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