Creía yo que esto de hacer conservas en casa estaba reservado a abuelas y otros privilegiados, pero resulta que no. Basta con esterilizar el tarro y hacerle el vacío después, para impedir la proliferación bacteriana. Como conservante, cualquiera de los tradicionales: sal, azúcar, aceite o vinagre. Lleva poquísimo tiempo y ¡¡¡funciona!!! Al abrir de nuevo el tarro, se oye el característico “plop”. Esto me abre un campo inmenso de diversión, experimento y frenético ahorro. He empezado con los melocotones, pero os iré contando.


Este es el sistema:

  • Se esteriliza el tarro en agua hirviendo que lo cubra unos diez minutos, y se saca con cuidado de no meter las manazas ni quemarse. Conviene tener un extensísimo surtido de tarros, porque el tamaño habrá de ser lo más ajustado posible al contenido. Se acabó pues lo de tirar tarritos. Reciclemos.
  • Una vez frío el tarro se rellena hasta arriba de todo de todo, que sobresalga.
  • Se cubre con un papel untado de mantequilla y se cierra fuerte.
  • Se cuece (que lo cubra el agua por completo) según el tamaño y contenido. Medio kilo de fruta, quince minutos; un kilo, pues treinta. Medio kilo de carne, el doble. Más o menos. Siempre más que menos. No hay que estar mirando cómo cuece, basta con apagar el fuego a tiempo. Poco curro pues.

Ya veis que conservar es una tarea perfectamente compatible con, por ejemplo, tontear por internet, como estás haciendo ahora mismo. Así que ¡adelante, mis valientes! Garbanzos, verdura, lomo, fruta de temporada… .Puf… cómo me lo voy a pasar…