Otra vuelta de tuerca en el tema percebes. Porque si aprovechamos el jamón de las puntas o el pollo de las carcasas para elaborar tan delicioso manjar, ¿cómo nos vamos a deshacer de LAS UÑAS de los percebes, lo que nadie come y siempre se tira? Aquí tenéis, en rigurosa exclusiva, las únicas, las geniales croquetas de percebes. A partir de ahora, queda tipificado como delito el deshacerse de la menor sustancia comestible de este desdichado animal.

Conviene a la parsimoniosa elaboración de la croqueta una música íntima… relajante… y sobre todo, significativa de este genial descubrimiento. El Alleluiah, por ejemplo. Dale a la flecha verde y tira, que suena el chisme este de maravilla!

Ingredientes:

  • Uñas de percebes o, si hubiese mucha mucha suerte, algún restillo descabalao del animal, lo cual es preferible con mucha diferencia, claro.
  • No es imprescindible, pero un par de mejillones quedan maravillosamente encajados en la sustanciosa masa y le dan bastante aquél.
  • Harina, aceite, leche, huevo y pan rallado como para cualquier croqueta vulgaris del mundo mundial.

NOTA IMPORTANTE: No uséis como caldo el agua de cocer los percebes. Os cargáis el invento. Como mucho, un poquillo del agua de los mejillones (filtrada).

Y es… facilísimo:

Plis: Extraemos pacientemente las uñas abriéndolas con un cuchillo y sacando la parte comestible. Antes en casa se las dábamos al gato; ahora que el pobre animal ha doblado la servilleta, hemos tenido que buscar opciones. Las uñas, los percebes y los mejillones no hay ni que trocearlos: directos a la sartén con un culillo de aceite y fuego leve, y a los dos minutos, un poco de perejil picadito y la harina. Dos o tres cucharadas gordas os bastarán para el experimento.

Plas: Revolcamos la harina con cuchara de madera hasta que se deshaga, y cuando esté hecha una pasta, añadimos un vaso de leche revolviendo con violencia. En este momento se coge la batidora y se le propina un buen batido, para evitar que los pelillos de las uñas de los percebes (palpos, se llaman palpos, incultos) se hagan desagradables en la boca. Una vez deshecho todo, se vuelve a la sartén, se añade sal y se va cociendo y añadiendo leche y dando vueltas mientras se canturrea, con permiso de la SGAE, por supuesto. Unos diez minutos bastarán, aunque conviene probarla para rectificar de sal. Este es el aspecto gomoso que debe tener para que sean mínimamente consistentes:

Y ya está. Enfriada la masa se envuelve (pan rallado, huevo y otra vez pan rallado, para los novatos) y a freir, que son dos días.

Esto se conserva divinamente en el conge, siempre que tengais la precaución de congelarlas bien separaditas: yo las voy colocando espaciadas en un plato y conforme ya están tiesas las paso a la bolsa.