Decididamente la fotografía no es lo mío, ni siquiera en estos tiempos de crisis de identidad nacional. Pero no sabéis lo ricos que están a pesar de su patriótico nombre y la foto penosa. Garbanzos, tomate y huevo: el trío perfecto para sorprender a las visitas. Se lo comerán hasta los republicanos. Lo juro. En mi casa así sucede.

Necesitas:

  • Garbanzo cocido (dos puñados por comensal). Preferible el del cocido, pero aceptaremos garbanzo de lata como animal de compañía en caso de apuro.
  • Nimias cantidades de cebollita picada y pimientito verde.
  • Tomate de bote
  • Huevo

Facilísimo:

Plis: En un culín de aceite y con el fuego a media virtud echamos la cebollita y el pimiento, en cachitos menudos. Opcionalmente, si los hubiere, se le pueden echar restos mortales de cocido, especialmente tocino y chori, que el plato gana mucho. Cuando la cebollita transparente y el pimiento arrugue, echamos encima los garbanzos (bien escurridos si son de lata), los espolvoreamos con un poco de pimienta (y los de bote requieren también algo de sal), y los dejamos, que se vayan friendo tranquilamente y cogiendo la sustancia.

Plas: Al cabo de un rato (media docena de Padrenuestros o así) separamos a un plato una cuarta parte más o menos, y a los de la sartén les añadimos tomate de bote, dejándolos un par de minutos para que se caliente la salsa. Los colocamos en el plato de servir (ya sabéis, en franjas laterales… o no), y volvemos a la sartén los retirados, cascándoles encoma un huevo y dando unas vueltas a toda prisa para que medio se cuaje medio no. Que quede jugosito.

Y ya está. El revuelto de huevo le da un punto inimitable. ¡Tenéis que probarlos!