Juan Guisán, buen cocinero, magnífico comensal y mejor amigo, que hasta el apellido lo tenía cocinero,se ha muerto a lo tonto, casi sin darse cuenta, de una enfermedad que le venía royendo los dos últimos años y de la que nadie se percató hasta que fue muy, muy tarde.

Juan fue la persona que, con la complicidad de su amada Titina, montó los estudios de doblaje de Sevilla, de A Coruña y de tropecientos sitios más que no me acuerdo. A casa de Juan y Titina había que ir a comer con la mejor colección de tuppers, el rollito de albal y un cojín para aliviar las posaderas durante las sobremesas que empalmaban con la cena. “A ver, qué te apetece. ¿Un lacón con grelos? ¿Callos? Tengo unas almejas bárbaras… ¿Y un pulpito…?” Risas, conversación, anécdotas. Mujer, llévate un poco de carne asada, que a la niña le gusta…

Juan, si es cierto que eso es el Paraíso, como mereces, ve preparando una laconada de las tuyas, de las gordas, con bien de todo. Porque unos tardaremos más y otros menos… pero ir, iremos.