Hay quien colecciona sabores en vez de sellos. El Kentucky Fried Chicken de aquellos años, cuando abrieron la cadena, es uno de los que guardo como un tesoro en ese extraño lugar del cerebro que se dedica a almacenar estas cosas. El Kentucky Fried Chicken original –no el de ahora, simple pollo frito- era absolutamente crujiente, especiado, con un fuerte contraste entre la capa sólida del exterior y la terneza de la interior; lo servían con una salsa marrón y abundante puré de patatas. ¿El truco? Una generosa dosis de pimienta, y un poco de cuidado al freir, nada más. Bueno, y unas pataticas fritas, que nunca están de mas.

Necesitas:

  • Pollo en trozos grandes (muslo, contramuslo, alas…) mejor con la piel!!!
  • Sal, pimienta, orégano y un poco ketchup.
  • Pan rallado y huevo (harina NO)
  • Aceite abundante para freir
  • Y ni pizca de miedo, que es facilísimo:

Plis: El pollo se adoba con sal, pimienta, una chispa de orégano y un poco ketchup diluido en agua, y se deja reposar así un buen rato relajadamente.

Plas: Para el rebozado, sólo pan rallado y huevo, por este orden: pan rallado, huevo, otra vez pan rallado. El truco es que el aceite no esté muy caliente, para que el pan rallado no se dore antes de que el pollo esté hecho por dentro. Así pues, paciencia, fuego bajo (a media potencia), y darle vuelta de vez en cuando.

Y ya está. Se sabe que está hecho sacando un trozo gordo y pinchándolo con un palillo; si sale líquido, mejor de vuelta a la sartén. No sé vosotros, porque para todo hay gustos, pero personalmente tengo conceptuado el pollo medio crudo como una de las cuatro cosas más asquerosas de la galaxia. Escurrirlo bien, posarlo sobre papel de cocina, y poco más.

Nota: A falta de la salsa marroncilla que acompañaba al pollo, se puede usar cualquier resto de salsa de carne, o también, cómo no, un delicioso sobre de salsa agridulce, que le va de maravilla. Pero ponerla siempre aparte: no me reguéis el pollo con líquidos, que perdería el apresto crujiente!