Cuando uno viaja y ve mundo, hay que adaptarse a las costumbres locales. Y así lo tuvimos que hacer este verano, en Asturias, aunque sólo con relativo éxito. Y es que el escanciado de sidra no es tan fácil como parece.

Los espeluznantes documentos gráficos que adjunto, que heririrán más de una sensibilidad, tienen por objeto mostrar al mundo cómo regamos el cesped airosamente los madrileños sin cortarnos un pelo.

Tapo los ojos de los susodichos, evidentemente, para impedir que sean reconocidos por las autoridades locales.

1. Con la lengua de fuera (por el intenso esfuerzo mental)

2. Con cuidadíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin!!!

3. Con un estilazo profesional que lo flaipas; este ya podría ir traspasando el despacho… para dedicarse a jardinero. Ahora nos explicamos el lustroso verde que luce su jardín.

4. Por el sistema Torero y Olé. Véase el rebote del chorrillo en el culo del vaso, en busca de otro culo de mayor enjundia.

5. La juventud, como siempre, opta por no mojarse y hacer las cosas de la manera más fácil. Desde luego esto es un sufrir.

6. Con el meñique estirao, como los estraterrestres. Pero esta sí que atina en el vaso la condenada.

7. Consciente del peligro, agarro la botella, disparo, y subo el vaso. Perfecto: no he derramado ni una gota. Ah, ¿que no era así…?

¡Gracias a todos los participantes en el evento, y a los infatigables suministradores de botellas! El año que viene, más.