Para gourmets, para hambrientos, para sibaritas; para niños y adultos; para dieta, desayuno, comida o cena, para un roto o un descosido, la mejor referencia es el huevo frito. Aqui os dejo ocho maneras ocho de degustarlo. La semana que viene, más.
huevo frito

Con puntilla: Aceite muy caliente y abundante. Que crujan las puntitas de la clara.

De mojar: Igual que el anterior, pero echando la clara primero, y cuando ya está blanca, ahondar un poco el centro con la parte curva de un tenedor, depositar cuidadosamente la yema, y echarle una cucharada de aceite caliente por encima, para que no quede ni un rastro de clara cruda.

Blanquitos: Poco aceite y no muy caliente, que se vaya calentando con el huevo echado. La clara queda compacta y durita.

A la plancha. Para los eternos adelgazantes y dietas bajas en grasa. Se pone aceite en la sartén que cubra el fondo, y cuando está caliente, se retira. Así nos aseguramos que la sartén quede bien untada. Ojo: no meter la espumadera debajo hasta que la clara esté desprendida de la sartén!

Con la clara tostada. Versión entre lo americano y lo friki. Se unta la sartén según el sistema anterior, se echa sólo la clara y cuando está tostadita por abajo, se vuelve y se coloca la yema encima. Tiende a escurrirse, pero qué se le va a hacer.

Vuelta y vuelta. Desayuno americano a tope para un día rarito. Ellos echan el huevo en la plancha, esperan que esté bien hecho, y le dan la vuelta, apretando un poco con la espumadera. Sale una especie de tortilla de dos colores, por un lado blanca y por otro amarilla.

Cuadrados. La cuadratura del círculo, pero hijos míos, los sandwiches es lo que tienen, que son cuadrados. Así que cuando toca sandwich con huevo, me lo curro haciéndolos a la plancha y, mientras va cuajando la clara, le voy dando tobas con el canto de la espumadera para que cojan la forma. Espectacular.

Dobles. Para expertos en tener hambre y mojar pan. La gracia del tema está en separar claras y yemas; echar primero a la sartén las dos claras de golpe, y luego colocarle las dos yemas una junto a otra. Hay que retirarlos con cuidado, asentando bien la espumadera debajo de las dos yemas, para preservar la impunidad de ambas.