Las patatas paja son la solución perfecta para cuando uno tiene ganas de ponerse ciego de patatas fritas, pero no quiere ponerse ciego de patatas fritas, ya me entendéis. Como he descubierto que pueden prepararse con antelación y freirse luego en un minuto (por ejemplo, cuando la niña iba a venir a las tres y llega a las cinco), y visto que cunden tremebundamente (una patata mediana basta para tres hambrientos y el perro) os dejo aquí el truco.

Patatas paja


Que es… como tó lo de menda… facilísimo:

La patata se corta en láminas delgaditas, y luego cada lámina en tirillas. (Así conseguimos centuplicar psicológicamente su cantidad, o sea, que parecen muchas). Se dejan en agua hasta el instante de freírlas, para que suelten bien el almidón.

Se fríen en tandas pequeñas, en aceite muy caliente, muy poco tiempo (hasta que al darles tobas con la punta del cuchillo ya no estén flexibles, sino tiesas).

El truco magistral para que queden crujientes es ponerles la sal justo al sacarlas de la sartén.