Ricos están, desde luego. Pero… Al que le haya picado uno de ellos, no lo habrá olvidado todavía. Cuatro trucos cuatro me enseñó mi abuela para identificarlos. Y por si fallan los cuatro, ¡más vale tener a mano una buena ración de pan y otra de agua!
Pimientos de Padrón

Por la bolsa. Si pone “Padrón”, malo, unos pican (como un 10%) y outros non. Si pone “Couto” bueno: es una subvariedad que no pica.

Por la cosecha: La primera cosecha pica. El picor va perdiendo intensidad con las siguientes. Por lo tanto, y si no existieran las cámaras frigoríficas de las grandes superficies, picarían más en primavera, y menos en otoño. Pero como existen las mencionadas cámaras, y el pimiento de Padrón se está cultivando hasta en Marruecos, pues vaya usted a saber.

Por la forma de la puntita. Este sistema es el que menos falla. La puntita redondeada tiene menos posibilidades de picar. La puntita puntiaguda… yuyu.

Por las cualidades organolépticas. Cuando fue lo del Prestige, la Xunta se apresuró a contratar un sinnúmero de veterinarios para que comprobasen que el pescado, el percebe y demás se encontraban más o menos aptos para el consumo. Cuando dichos veterinarios reclamaron un detector de hidrocarburos para ejercer su labor, la respuesta de la Xunta fue tajante: “Usteden tienen estudios. Usen las cualidades organolépticas”. Es decir, la vista, el oido, el tacto, el olfato y en última instancia, el gusto. Esto también vale para el pimiento de Padrón: se muerde un trocito, y si pica, es que pica también el resto.

Los pimientos se fríen con el rabito, en abundante aceite, y ya fuera de la sartén se les pone sal gorda. Nada más.