Cuando empezó la guerra, mi abuela hizo inmediatamente dos cosas: una, hacerse amiga de un señor de abastos (no me pidáis detalles, porque no los tengo), con lo que en casa jamás faltaron delicias como aceite y azúcar. Y dos, enviar a los niños al campo, con la orden de traer todo lo que encontrasen. El alijo de las criaturas solía incluir cosas como berzas robadas, maiz, patatas, anis, manzanilla y, sobre todo, castañas. De tales mimbres salió este potaje, que en casa degustamos después toda la vida. La manzanilla con anís, claro está, para postre.

Potaje de posguerra

Necesitas:

  • Un puñado de garbanzos
  • Un puñado de judias blancas
  • Castañas
  • Un puñado de macarrones
  • Algo de verdura (si es robada sabe mejor)
  • Patatas
  • Un culo de aceite, ajitos y pimentón
  • Si hay un trozo de algo como tocino, chorizo o bacalao para ilustrar, mejor
  • Se puede añadir lo que haya por casa: arroz, maiz etc siempre respetando sus tiempos de cocción.

p>

Facilísimo:

Plis: El día anterior has puesto a remojo la legunbre, así que hoy ya descansadit@ la pones a cocer (si es con tocino o bacalao, mejor). Las castañas es lo más laborioso, pero también lo más rico: hay que quitar la cáscara marrón a golpe de cuchillo, y escaldarlas para quitar la pielecilla de dentro. Se echan también a la olla con la legumbre. Las castañas en guisotes son una cosa que me pierde.

Plas: Cuando ya esté casi cocida la legumbre, se añaden las patatas en cachos grandes, la verdura, los macarrones y el arroz.

Y ya está. Se hace un refritillo con un culo de aceite y los ajos, y cuando están doraditos y ya separados del aceite se le añade un poco de pimentón y se le deja dar un hervor con lo demás.