El revientalobos, como su propio nombre indica, es comida capaz de hacernos enfrentar al frío con una sonrisa, ahorrando cientos de euros en calefacción tanto durante como después. El revientalobos este (que no es el tradicional, mucho más simple) lo conocimos en Valdepeñas, en el Mesón del Tigre; por cierto que si caéis allí, tened buen cuidado de pedir no una ración para dos, sino para cuarenta, so pena de morir en el intento. Avisaos quedáis.


Necesitas lo que se hubiese comido el lobo:

  • Judías blancas puestas en remojo la noche anterior (dos puñados gordos por comensal)
  • Del cerdo, tocino, morcilla, chorizo. Lo que haya, en la proporción que haya.
  • De caza, perdiz, jabalí, o nada, según el caso. También se puede poner gallina en vez de perdiz.
  • De cordero, asaduras, costillas, restos de piezas.
  • Tomate o salsa de bote, bastante cantidad.
  • Cebolla
  • Pimiento colorado asado… o de lata
  • Aceite, sal
  • … y GUINDILLA, mucha guindilla o ñoras.

La verdad es que es… facilísimo.

Plis: Se ponen a cocer en agua que lo cubra las judías (que habrán crecido al doble), el cerdo, la caza, el cordero y cuantas cosas queráis y/o podáis echar a la olla, que este es un guiso de pastores y requiere más hambre que finezas.

Plas: Paralelamente, y mientras cuece, se echa un chorrillo de aceite en una sartén y se fríe despacito la cebolla, junto con el tomate (si es natural, pelado y a trozos), el pimiento y abundante guindilla. Si el tomate es natural, conviene regar esta mezcla con un cucharón de agua de cocer las judías, y dejar que se deshaga. Si es de bote, tal precaución es superflua.

Y ya está. Sólo queda echar el sofrito por encima de las judías, y dejar cocer a fuego lento hasta que estén blanditas, que si no dan muchos gases. La salsa debe quedar espesota y rojiza. El pan mojado en la salsa debe picar. Poco más misterio tiene.