¡Sardinas con cachelos!, leeréis los que seáis verdaderamente gallegos; y una lágrima al recuerdo de la tierra tal vez se asome a vuestros ojos, o una tenue salivilla inunde vuestras fauces.
[Receta extraída de El Picadillo. No os la perdais]

Sardinas con cachelos

Bien mirado, no hay nada en el periodismo como una labor de estas, tranquila. El escribir de cocina en un periódico no será ameno; tal vez carezca de donosura, de estilo y de bellezas literarias; pero a cómodo no hay quien le iguale.

¿Que Maura acabó de hacer cosas y cae? Bueno. ¿Que sube Montero Ríos y está unos meses en el poder y después cede la poltrona a Moret? Muy bien. ¿Que los militares se incomodan y quieren aplicarnos el “séptimo” a los periodistas? Perfectamente. Nosotros a nuestro fogón o a nuestras recetillas, y si arde Troya, que arda; aprovechamos el incendio para quitarle el rancio a una sartenada de aceite o para poner unos trozos de carne asada a la parrilla.

No nos metemos con nadie, no discutimos de nada y, como dice el refrán, “A lo que te voy, te voy”.

¡Sardinas con cachelos!, leeréis los que seáis verdaderamente gallegos; y una lágrima al recuerdo de la tierra tal vez se asome a vuestros ojos, o una tenue salivilla inunde vuestras fauces.

¿Quién de vosotros no estuvo en Malpica? ¿Quién desconoce las cercanías de Corcubión? ¿No fuisteis alguna vez a la romería de Nosa Señora da Barca? Pues entonces guardaréis un recuerdo gratísimo de aquellas sardinas del pilo, de aquellas sardinas revenidas que cualquier marinero, sin excepción, prepara a las mil maravillas, en un punto tal, que no hay maestro de cocina que pueda comparársele.

Ellos arman un fuego o larada con leña de tojo, y cuando tienen buenas brasas colocan unas varitas verdes paralelas y sobre ellas las sarsinas cabezudas y recién extraídas de los pilos. No necesitan más sal que la que tomaron en el baño de salmuera, ni más grasa que la que tienen ellas naturalmente.

Cuando son muchos los concurrentes, las sardinas se van repartiendo por riguroso turno, una vez que se han asado, y, ayudadas por los cachelos, por un día de sol y por unos tragos de vino de San Ciprián das Viñas o del Pombeiro, es cosa de reirse piscicole coloreati.

¡Ah! Pero, ¿y los cachelos?

Los cachelos son unas patatas que proceden generalmente del robo de la leira más próxima, patatas que se parten al medio sin mondarlas, y que se hacen con agua y sal. Cuando están a media cocción se les escurre el agua, se atafegan con un paño, y se coloca el puchero boca abajo al lado del fuego para que acaben de cocerse y secarse con el calor.

Y en estas condiciones excuso deciros quién es el cristiano que se resiste atomar las once.

Yo creo que aún no siendo gallego es cosa de pensar en serio en estas sardinas con cachelos, las cuales, desprovistas de su carácter regional, constituyen un gran plato de entrada -como decimos los que presumimos de conocer los términos culinarios- para almuerzos de familia.

Picadillo

[Publicado en El Noroeste hacia 1929]