Fácil. Rápido. Económico. Muy rico. Y, sobre todo, impactante, si tenéis el detalle de mencionar el título mientras lo comen. Ni por asomo se os ocurra explicar que ná, que no es más que la patata cocida que sobró del mediodía, con un centímetro cuadrado de jamón y otro de queso.

Sólo necesitas:

  • Patata cocida, mejor entera. De una patata mediana salen 5-6 bocaditos según cómo me hagas de finas las lonchas
  • Jamón, el que haya. De media loncha se saca mucho.
  • Queso, idem
  • Aceite para freir
  • Harina, cerveza, agua y sal para la tempura. Si no hay cerveza, vale levadura o hasta Casera. De verdad. Sale buenísima con la Casera.
  • Pimienta, salsa agridulce, un poco de azúcar para caramelizar… pero esto ya son adornos. Eso sí, le dan mazo gracia al plato.

Y es… ¡¡¡facilísimo!!!

Plis. La patata (mejor que esté fría) se corta en lonchas lo más finitas posible. Si se rompen no importa, se pueden usar igual. Se hacen unos minisandwiches con dos lonchas de patata, poniendo dentro un cachito de jamón y otro de queso, y se apaña con pimienta (voluntariamente, claro).

Plas. Mientras se va calentando el aceite a fuego medio, preparamos la tempura, que no tiene más misterio que poner un poco de harina en un cuenco, añadir un chorrillo de cerveza o casera, sal y un poco de agua revolviendo hasta que salga un engrudo espesote.

Y ya está. Se van metiendo los bocaditos de patata en el mejunte y se fríen despacito, a fuego medio. Si el fuego está fuerte quedarán menos crujientes y les durará el crujío menos tiempo. La salsa agridulce la adorno con un poco de caramelo, más que nada por hacer un rato el pijo, cosa que me complace sobremanera. Pero bueno, que esto está rico hasta con ketchup.