Esta fabulosa receta, recién inventada en Madrid, sirve para que la Sanidad española ahorre un montón de dinero por el expeditivo sistema de liquidar abuelillos negándoles el derecho a la asistencia sanitaria. Desde otro punto de vista, sirve para cocinar muy mala leche, hervir la sangre y hornear un tremendo escepticismo, hasta dejarte frito. Hoy me ha pasado a mí. Pero apréndete la receta, que el próximo puedes ser tú. Y, como siempre, es… facilísimo.

Necesitas:

  • Una madre, preferiblemente fresca (con las congeladas no sale igual)
  • Una tarjeta sanitaria
  • Una Administración ciega, sorda y muda (amén de gilipollas, para aclararnos)
  • Cuarto y mitad de funcionarias del INSS. Imprescindible tengan un desconocimiento total tanto de normas como de procedimientos
  • Idéntica cantidad de currantas de la Consejeria de Sanidad de la autonomía correspondiente. Si las vuestras están rancias, lo siento. Yo en esto sí he tenido suerte. Estaban perfectas
  • Papel, mucho papel
  • Paciencia, mucha paciencia
  • Pasta, en cantidad suficiente para intentar garantizar el éxito del experimento

Es… facilísimo
Plis: Se coge a la madre, que ha de ser pensionista de un sistema no incluido en la Seguridad Social (por ejemplo del Colegio de Abogados; yo usé este, aunque hay varios) y se la pone en adobo con una ligera patología. Nada serio: un trancazo, una infección de orina, un subidón de azúcar, de tensión o de estas cosas que coleccionan ellas como cromos. Posteriormente, se acude al Ambulatorio en busca de recetas, donde le comunican a una que “esta señora no está en el ordenador”, que “debe estar en una Residencia” y que “uy, la historia clínica está bloqueada y no se puede acceder”. A estas cuestiones hay que responder lo siguiente:
a) que estar en el ordenador parece de lo más incómodo, incluso para una señora acostumbrada a todo, y
b) que es posible que esté en una residencia si se ha vestido a toda leche y ha cogido un taxi, ya que diez minutos atrás estaba acomodada en su camita.
y c), que cómo se puede desbloquear la historia clínica urgentemente, por si le pasa algo (ahora ya lo sé, madrileños tomad nota: O´Donnell 55, cuarta planta, Gestión de Usuarios)
Y advierten: no se te ocurra llevarla a Urgencias, que te lo facturan y es carísimo. Inmediatamente, pondremos en marcha un avanzado sistema de rastreo que, a lo largo de quince días y organimos oficiales sin cuento, llegará a determinar que esta señora ha perdido el derecho a la asistencia sanitaria, por no cumplir los requisitos. A raiz de la entrada en vigor de la Orden 1285/2006 de la fantástica y megafabulosa Comunidad de Madrid, quien no cumpla los requisitos, a la p__a calle. Sin avisar. Y perdiendo así el derecho a la asistencia sanitaria en toda España. Ahí es ná.

Plas: En este punto, hacemos una pausa para averiguar los requisitos. Requisitos para los españoles, claro está: aquí a los extranjeros se la dan con el volante del padrón, acreditando tres meses de residencia.

  • Estar afiliado y en alta o situación asimilada al alta
  • Ser pensionista del Sistema
  • Ganar menos de 6.202 euros AL AÑO para optar a la asistencia sanitaria como “sin recursos”.

Como la madre que hemos utilizado para esta receta ingresa entre pensión (455) e intereses de los ahorrillos (74) unos 6.400 al año (533 al mes), pues ya está listo el plato. Sólo falta adornarlo con la lapidaria frase de una funcionaria del INSS de cuya cara no quiero acordarme (más que nada, por si me la encuentro comprándose esmalte de uñas en el Corte Inglés): (agarraros, que el condimento es fuerte):

“Esta señora no tiene derecho a nada; si no ha trabajado en su vida ¿qué quiere, que le paguemos el médico y todo? Pues si le han quitado la tarjeta será que tiene pasta, pues que se pague el médico ella”.

Como guinda del pastel para que salga rico rico, vamos a añadir el detalle morboso: esta señora sí trabajó (¿quién no trabajaba en la posguerra?), desde el 45 hasta el 55 en que se casó, lo que sería suficiente para optar a una pensión del SOVI y la correspondiente asistencia sanitaria. Pero hoy por hoy no hemos podido acreditar si cotizaron por ella o no, porque los recibos de aquellos años (los que no se han perdido o roto) están manuscritos, posteriormente digitalizados, metidos en una base de datos con infinitos errores de transcripción… y no aparecen.

Y ya está. Para poder comer tan suculento plato, es necesario darla de alta de nuevo en Seguridad Social pagando 87,54 euros al mes (gracias a un convenio del Colegio de abogados con la Seguridad Social), y ponerle un poco de perejil en las orejas para adornar. Hecho. Mi madre, 76 años, enferma crónica, anciana de riesgo, tiene que quitarse casi 90 euros al mes de sus 455 de pensión para tener seguridad social. Esto es lo que hay, y eso, después de pagar impuestos más de cincuenta años. Además, tiene que pagarse el 40% de los medicamentos (y de medicamentos tenemos unos 240 euros al mes), ya que no es pensionista del Sistema. No tiene derecho a ayudas para la dentadura… porque no es pensionista del Sistema. Hoy nos ha tocado a nosotras. Mañana…

Huelga decir que si no podeis creer lo que estáis leyendo, tengo todos los papeles a vuestra disposición. Cerros y cerros. Hasta he resuelto empapelar la cocina con los numeritos que te dan para pedir vez, y los que sobren, los vendo al peso, que algo sacaré.

Nota: A la hora de archivar esta sustanciosa receta, he dudado entre “Carnes” (escasas y magras), “Con sobras” (o los Mayores ante la Seguridad Social) y “Baratísimo” (para ellos, claro). Lo dejo en los tres. Así lo encontráis.

¡Y pásale esta receta a toda la gente que puedas! ¡También ellos están pagando (un congo) por este magnífico servicio de nuestros gobernantes!