Dentro del más estricto lonchafinismo os presento el último invento, realizado a partir de las magras carnes extraidas de los caparazones de pollo de hacer la sopa: las fabulosas varitas de pollo al curry, más cómodas y rápidas de hacer que las socorridas croquetas. Un sabor que sorprende y que hace decir ¡Mmmm! Bueno, debían estar buenas, porque me salieron como dos docenas y creo que trinqué dos.

 

Necesitas:

  • Un resto de pollo. Vale el de los caparazones, sobras de un filete… la gallina del cocido… todo todo y todo.
  • Pan rallado y huevo
  • Pimienta, cominos molidos y curry
  • Ketchup, mayonesa o huevo crudo, un poco sólo, para dar consistencia a la masa.

Y es… facilísimo, palabra!

Plis: Se desmenuza el animal, preferiblemente en la picadora, hasta que quede como un amasijo. Se añade un poco de pimienta, media cucharadita de cominos y otra media de curry; se revuelve y se prueba por si hay que añadir más. Como la masa queda un poco deslabazada, se le puede añadir una cucharadita de ketchup, de mayonesa o de huevo batido para que quede más consistente y no se rompa al freir.

Plas: Y se van formando unos palitos en diversos grados de deformidad, que se rebozan en pan rallado, huevo batido y pan rallado, friéndose en aceitito caliente: como lo de dentro no tiene que cocer, el freimiento es sólo para dorar el rebozado. También se podrá, supongo, hacerlas a horno fuerte, pero no he probado.

Y ya está, sólo es cuestión de meter los dedos en la fuente y darse prisa. Acompañadas de salsa agridulce o el humilde ketchup están aún mejor.